Vivir con la voluntad de hacer Historia

A pocos les es dado vivir esos momentos únicos en los que el azar y la voluntad se combinan para iniciar una nueva era o realizar un gesto capaz de rasgar el tejido de la Historia con algo más que las trivialidades humanas que a todos nos corresponden como parte esencial de la vida cotidiana.

En muchísimos casos, tan raro como vivir momentos únicos es experimentarlos con plena conciencia de su extraordinario valor futuro.

Muchos de los que después dicen —«yo estuve allí, pero no vi nada»— no hacen más que confesar su ceguera pasada, pues solo retrospectivamente comprenden la combinación de señales difusas de la vida y la irrelevancia de su participación, lo prescindible que fue su presencia.

—«Ah, si me hubieran avisado…», dirán después, contemplando con incredulidad las evidencias y las huellas de lo evidente que no supieron reconocer cuando fueron contemporáneos de la Historia, sin sentirla ni influir en ella.

Cuando ayudamos a escribir una página de una Historia que habrá de desarrollarse con nosotros o sin nosotros, aceptamos que la marcha inexorable del futuro tiene la forma de nuestros días y nos quemamos las manos en el fuego del presente por miedo a convertirnos en pasado.

Y esa Historia llevará nuestra huella, perceptible o imperceptible, según nos atrevamos a exponernos al riesgo del sol y de la lluvia o elijamos el camino de la sombra protegida y gris, durmiendo al abrigo de la comodidad de un sofá caliente.

Poder participar en la creación de una empresa, en el relanzamiento de un proyecto, en la renovación de una tecnología o en la apuesta por una nueva idea es una oportunidad irrepetible, incluso para quienes disfrutan de una vida más longeva.

Sería incomprensible que la trayectoria profesional de cada uno de nosotros no reservara un capítulo especial para narrar la emoción y la profundidad de esta experiencia. Este tipo de procesos resulta tan profundamente impactante que nos interpela a todos, animando a que la generosidad de cada persona se manifieste mediante la acción, en lugar de refugiarse en la omisión.

Construir una alternativa a la desesperanza y al caos en una sociedad conservadora y en un mercado anémico es una tarea hercúlea, pero posible, que debe movilizar a los espíritus inquietos y a las almas audaces.

Hay demostraciones de conocimiento, comprensión y compromiso que nos animan a asumir riesgos y desencadenan un caudal de energía que arrastra a otros en la misma corriente, generando una dinámica de creatividad y casi desesperación por conseguir el éxito de aquello que se ha iniciado.

Pero cuando se trata de cambiar radicalmente el rumbo de un país, no basta con que un pequeño grupo demuestre, mediante su inteligencia, las ventajas y la necesidad de trazar nuevos caminos.

El sistema democrático exige que el deseo de cambio se convierta en una exigencia moral compartida por un amplio porcentaje de la población, para conseguir pasar de un estado anémico a un estado de potencia y lograr que esta se materialice en acciones transformadoras.

Este es precisamente el mayor desafío de un proyecto de salvación de la Patria y debe constituir una preocupación central de cualquier programa político: conquistar a algunos mediante la admiración, pero también obtener el favor de las gentes, es decir, ganarse el afecto que origina la creencia y determina el voto.

Paulo Fidalgo
CEO de Marketividade

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